domingo, 18 de diciembre de 2011

LA AGONÍA DE UN INSECTO



Desde aquí os hablo, nube 22 en la calle del Sosiego. Casi acostumbrado a esta nueva vida que tiene mucho de estimulante. Las angelitas que al principio se resistían y jugaban al despiste, ahora revolotean a mi alrededor igual que moscas sedientas. En cuestión de ligue, cuento con nutridas posibilidades de triunfo y todo el tiempo del mundo.

Rememorando mi pasado mortal, reconozco que fui un bruto pero nunca me dio por arrancarle las patas a las cucarachas; quizá por eso me marcó en la infancia la visión de una del género, con la barriga a la intemperie, sufriendo frenética unos estertores de muerte que a mí se me antojaron atroces. Debieron echarle flus-flus y se lo comió enterito, la desgraciada. Pues bien. La experiencia de Miguela desde el abandono de Gaby, se parecía mucho a aquello. Agonía con mayúsculas.

Dios Nuestro Señor dejó clarito que lo de encarnarme nuevamente en humano, aunque fuese un pestilente anciano en un parque y sólo durante diez minutos, no iba a repetirse; me permitió sin embargo, echar un vistazo ocasional al foso de los mortales, a fin de comprobar que mi pupila era rabiosamente feliz y acallar mi conciencia. Lo era; bien por ella. Aprovechando que nadie espiaba, me colé unos segundos en la vida de Miguela, el menesteroso Miguela. Seguía solo, sin enamorarse, saltando de relación en relación, a cada cual más breve, más deforme y más absurda. Cercando a hembras marginales de las que nadie se apiadaba, afilándose los dientes en sus entrañas. Controlándolas con celo, reprendiéndolas a cada paso, tergiversando maliciosamente cualquier comentario que forjaran, haciéndose la víctima si ellas reaccionaban, coaccionando, amenazando, devaluando sus argumentos, incumpliendo promesas, mintiendo. Castigándolas con el látigo de su indiferencia y con silencios que duraban días. Interrogándolas como un mal detective y escurriendo el bulto para no afrontar los problemas.

Y cuando se quedaba a solas consigo mismo, se infectaba y mareaba con la peste de su propia descomposición. Era un desecho humano. Deberían inventar un detector de maltratadores, mujeres del mundo, abogad por ello. Pero mientras tal fundamental aparatejo no exista, aguzad vuestros sentidos y quereros mucho. No permitáis que os atropellen (para eso ya están los camiones, el tráfico rodado y si me apuras y quieres mucha sangre, los trenes) y recordad que un compañero, un amante, es un mero complemento no la entera razón de vuestro existir. Que las relaciones sanas son las que nos empujan hacia arriba y nos hacen mejores. Aquellas con las que crecemos. Si cada día nos sentimos más desvalidos, más inseguros, más atormentados… Chungo. Eso no es ni por asomo lo que debería ser. ¡Sal corriendo!

Yo te espero en el cielo.

(Epílogo de "GATO POR LIEBRE", psico-comedia del maltrato psicológico)

2 comentarios:

Yo me llamo Cata dijo...

Van a tener que inventar más reyes magos,
porque también quiero GATO POR LIEBRE.
Que sepas que tienes parte de culpa en la crisis económica de mi casa.
Un beso.

Regina Roman dijo...

Jajajajajajaja mea culpaaaa!! Pero no hay vicio mejor ni más sano que el de leer. :)))

 
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