jueves, 11 de agosto de 2011

EL BINOMIO... ¿MÁGICO?


Y no me refiero al socorrido método de buscar inspiración cuando las musas se han marchado de veraneo. Me refiero a la pareja, últimamente tan de moda, televisión-libro y viceversa. A ver… ¿Por qué a casi todos los presentadores de TV les da por escribir un libro? De lo que sea, lo importante es parirlo. ¿Y por qué tienen todos tantísimo éxito y se colocan enseguida en las “fiables” listas de los top ventas?

a) Son buenísimos sin excepción. Lástima que unos escritores tan requetetalentosos estuviesen marchitándose delante de una cámara, mañana tras mañana, cotilleando sobre los famosos y recolectando insultos. Deberían haberse despedido hace tiempo.

b) Se ha descubierto una nueva y potente forma de marketing donde la cara conocida del escritor es lo decisivo, sin importar demasiado si el libro vale o no. Igual es intragable pero si lo ha escrito PepitoPérez… ¡Me lo compro!

Todo esto me planteé a raíz de que una amiga escritora y reseñadora a la que tengo en gran estima y de cuyo criterio me fío a ojo cerrado, se cogiera un rebote de mil pares de narices, después de leer el último de un/a conocido/a presentador/a. Nooooo, no hablo del negro de Ana Rosa, en eso me detendré un segundo después. El librito en cuestión, era a todas luces, un horror sin argumento ni coherencia, mal escrito, mal planteado, con señuelos al lector para que pique y siga leyendo pensando en una posible intriga que luego ni existe ni se desenvuelve… en fin. Creo que ya os habréis hecho una idea sin necesidad de meter y retorcer más el dedo en la llaga, que ya huele. Pero… hete aquí que la novelilla en cuestión ha ido directa, propulsada cual zeppelín a las listas de los archirecomendados. El más vendido, el más bueno, bonito, barato, el más mejor; el libro indispensable del año. ¡Ay, señor! ¡Qué ganas tengo de jubilarme!

Veo esto, lo contemplo en las estanterías de los top ten, esos cielos inalcanzables donde nunca se posicionarán las obras de los desconocidos por fabulosas que puedan ser, y se me caen dos lagrimones del tamaño de dos membrillos. No es justo. Se engaña al lector y sobre todo, se engaña al comprador de libros. Porque no todo el que paga por una obra literaria piensa leerla: se calcula que más del 35% de los libros que se venden van destinados a regalo y claro, allá va el ingenuo consumidor, se planta en la librería (que como ya son grandes almacenes en su mayoría, y no los libreros de antaño, amantes aficionados de los libros que se habían leído casi todo lo que tenían en la tienda y eran capaces de recomendarte el libro perfecto para tu amiga deprimida…), pregunta con cándida inocencia y el dependiente (que por cierto muchas veces odia leer y su salario mínimo le escuece), lo redirige a “los más vendidos”. El consumidor paga religiosamente sin rechistar y cree hacer feliz al destinatario del obsequio porque le lleva el libro de moda. Punto y fin de la historia. Triste, ¿eh?

Pues eso. Si sales en la tele y te conocen, no lo dudes: escribe cualquier chapuza que la vas a vender como churros, te lo digo yo. Que el/la artífice del gruño al que me refería antes, está tan contento/a con los money-resultados que ya le ha metido mano al siguiente. Dios nos pille confesados.

Y hablando de engaños, no puedo despedirme sin dedicarle un epitafio a aquel cuya identidad desconozco, pero que conocedor de la realidad de esto que os cuento, tuvo la feliz ocurrencia de “alquilar” el nombre de Ana Rosa Quintana y poner a la venta un libro escrito por él pero firmado por ella. Si no lo llegan a acusar de plagio porque se entretuvo en copiar literalmente páginas de otro libro ya publicado, no habríamos desvelado jamás el burdo engañabobos.

Desde luego, nos toman el pelo como quieren. Hay muchos clubs de lectura, foros de comentarios, internet bulle con escritores por todos lados y reseñas muy serias y fiables, que podrán orientarles antes de hacer un desembolso en libros; que no están las cosas para dispendios.

5 comentarios:

Cristina Caviedes dijo...

Madre mía, que cantidad de verdades por línea, jejeje... sí, Regina, por desgracia así es. Con tener un nombre conocido puedes escribir lo que te venga en gana, pues siempre venderás, sea lo que sea lo que se te ocurra para castigar a los lectores, pues no vendes contenido, vendes una "marca" que ya está sobradamente consolidada en el mercado. Y esos grandes almacenes que sólo recomiendan los más vendidos... ¿Y que van a recomendar, si lo máximo a lo puedes aspirar que hagan por ti, es consultar en su ordenador dicha lista o conducirte a la estantería en cuestión? Besos!!!

Goizeder Lamariano Martín dijo...

Es triste pero cierto, una verdad enorme y estoy completamente de acuerdo contigo en todo. Tienes muchísima razón, aunque en este caso duela. Por cierto, ayer terminé de leer Cuarentañeras, me ha durado sólo dos tardes y me ha encantado, me he reído muchísimo y a la vez me ha dado qué pensar. Publicaré la reseña el día 31. Un abrazo muy fuerte.

Regina Roman dijo...

Jo, chicas, de nuevo gracias por vuestras aportaciones, tan valiosas como sensatas. Creo que es momento de grandes cambios en la industria del libro, no podemos pretender que se sigan vendiendo con el mismo sistema de hace 200 años, cuando se editaban menos de 100 libros por año. En nuestras manos puede que esté el cambiar alguna de estas "corruptelas". Si el comprador medio estuviese más informado... En fin, a veces creo que sueño. Un beso muy grande!!
Goizeder, espero tu reseña con ansia y frenesí!!! jajajajaja

LAKY dijo...

Creo saber a quien te refieres y te doy toda l razón. Leí un libro anterior de esa señora y llegue a la conclusión de que si no fuese conocida jamas se lo hubiesen publicado. Sin duda, el único libro que he leído tuyo, Un féretro... Le da mil vueltas!
Una lastima todo esto!

Daniel Rubio dijo...

jejejejej, muy bueno. Directa al grano y sin contemplaciones... bueno, contemplaciones sí, que no has desvelado el nombre que yo imagino de ese que sale en telecinco con gafas, un tanto afeminado y que antes presentaba informativos... ¿es ese?

 
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